Residencia Artística

Taller La Madriguera, Barcelona

Agosto 2024

Después de mucho tiempo intentado encontrar el momento oportuno para volver – en mi humilde opinión – al mejor taller de Barcelona, logré cuadrar las vacaciones de trabajo con la residencia semanal que Paula Bonet ofrecía en el taller La Madriguera durante el mes de agosto.

Paula no solo es una de mis artistas preferidas desde que era estudiante de Historia del Arte por su técnica, su versatilidad y su talento, sino también por su compromiso social, cosas que a mi entender son fundamentales por y para el arte. A razón de compartir con ella talleres y en este caso la residencia semanal, descubro una persona tan generosa y amable con sus conocimientos que hace que todas las alumnas la admiremos aún más y no queramos perder un minuto de trabajo, aprovechando al máximo las infinitas oportunidades que el sitio brinda para aprender.

El corazón de la Madriguera podrían ser los tórculos, o el patio donde compartimos cervezas y charlas cuando necesitamos hacer un descanso, pero para mi, sin duda es su biblioteca, repleta de libros y catálogos de arte y diarios de viaje que si pudiéramos, comeríamos. Acabaríamos con las paginas de papel en la boca, rasgándolas con los dientes, de costado, como bestias hambrientas, llenando las cubiertas de saliva, porque ese es el sentimiento que invade al habitar el taller, la voluntad de nutrirse de conocimiento y belleza.

Detalle no menos importante, no solo tienes a disposición la posibilidad de aprender nuevas técnicas, practicarlas, equivocarte o emocionarte con una estampa que tal vez no salió como esperabas, incluso cuando en muchos casos sea aun mejor que lo que lo que tu imaginación podría entender como posible – lo siento Inteligencia Artificial, algunas nos seguimos emocionando con lo analógico, lo humano y laborioso – sino que todo esto lo harás acompañada de mujeres que terminarás por admirar también, todo en un mismo sitio! – increíble, no?.

Estas mujeres compartirán y comprenderán tus gustos, todas se sentirán libres de expresarse, por que se saben respetadas y entendidas en un espacio que entre otras cosas fue creado para eso, para la empatía, para el apoyo mutuo y el trabajo colaborativo. Porque el arte se comparte, porque lo que se comparte se multiplica, se expande, mejora, y por sobre todo genera concientización. Por que el arte, puede ser estético o no, bello o no, con una técnica perfecta o no, lo que no puede dejar de ser es político, porque es esencialmente humano. Y dentro de este arte político se ve sumado la solidaridad, la lucha, el compañerismo, el trabajo respetuoso y colectivo, y siempre las ganas de aprender y superarse.

Algunas cosas sobre las que trabajamos

Si bien tenía alguna idea sobre lo que quería trabajar, la experiencia de encontrarme una vez allí, hizo que nada de lo que pensaba hacer sucediera, tal como era de esperar, cosa por la que me considero afortunada.

Pensaba trabajar la parte estética de una futura muestra que se conformara por Haikus y la presencia de papel traslucido, líneas simples que pudieran traducir mi interés por lo sencillo, lo natural, lo cíclico, pero terminé realizando una Algrafía a la que llamé (antes que pasara por la prensa) : ¿Cómo se ahueca un alma?, al fin de cuentas era una sensación muy familiar para mi a lo largo del último año y lo vi representado claramente entre las manchas de tóner y alcohol.

Los primeros tres días los dedicamos al óleo, lo cual me resulto un gran desafío ya que debía plantear el trabajo de manera opuesta a las acuarelas, técnica que venía utilizando. Es decir, debía pensar la obra abriéndose paso desde la oscuridad y no desde la luz o los blancos, cosa que me resulto también muy conocido a nivel personal.

– Paula, no logro salir de esta oscuridad, ya no veo nada.

Así es, nadie dijo que sería fácil. Consejos que teníamos que tener en cuenta, controla el óleo porque sino el óleo te controlará a ti. Ir desde lo general a lo particular.

Comenzamos con las monotipias al óleo sobre acetato transparente para realizar ejercicios de color, trabajando solo con secundarios, específicamente naranja y azul y verde y rojo, y sus amplias posibilidades. Como guía, debajo del acetato las reproducciones de diferentes obras de Suzanne Valadon se asomaban. Las obras de la artista estaban siendo expuestas en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), y yo, que no podía sentirme mas afortunada terminé hundiendo la nariz frente a sus retratos unos días después . Oh Inés!, no lo hubieses podido ni imaginar cinco años antes cuando preparabas los exámenes finales de historia del arte y museología en Argentina.

Para el estudio de volumen trabajamos con oleo blanco titanio sobre cartón negro. Borrar, volver a empezar, borrar y volver a empezar. Intentar que la figura quedara centrada ya era un logro más que suficiente y si a demás encontrábamos y colocábamos las luces y las sombras descubiertas al entrecerrar los ojos, podíamos darnos por satisfechas.

Al día siguiente nos propuso trabajar, también en pintura, sobre un bodegón en cartón entelado que significó el segundo gran desafío. Aún con pocas tonalidades y solo tres objetos contenidos en el telón negro, supuso un acto que podía sentirse física y mentalmente. Pero no fue sino hasta el ejercicio de retrato en tela con modelo vivo cuando los nervios se apoderaron de mi, en una actividad a contrarreloj. Hace unos meses atrás yo me había encontrado en el lugar de la modelo, sentada sobre el sofá del taller, leyendo paradójicamente el libro de Celia Paul llamado Autorretrato, tan pero tan sentido que no pude quitar los ojos del relato mientras las compañeras pintaban.

Los días jueves y viernes los dedicamos a la algrafía, ya que teníamos necesariamente que dejar reposando la plancha luego de quemarla. En primer lugar practicamos sobre folios blancos la movilidad del tóner en polvo diluido en mayor o menor medida en alcohol, tratando de comprender los rastros que dejaría el material y sus (brevísimos) tiempos de secado. Finalmente realizamos los trazos definitivos en las planchas, previamente acondicionadas, las cuales estamparíamos.

El fotolito fue la YAPA. Nadie lo tenía previsto ni escuchado, pero Alba, que realizaba la residencia mensual se encontraba preparando los materiales para realizarlo y claro, ganas no faltaban ganas de hacer. Así que nos apuntamos y mi abuela comenzó a aflorar, casi por arte de magia, semejante a una resurrección en la plancha de metal fotosensible, con sus trenzas y su mirada estoica, y sus las ganas de comerse el mundo entre vino y fiestas y música.

Por último, y porque aún no estaba satisfecha – todavía nos quedaba energía- realicé unas copias en monotipias con tinta negra sobre planchas de bronce previamente biseladas, ayudándome con rodillos, pinceles y espátulas. Allí finalmente aparecieron los pájaros con ganas de volar y entonces, solo entonces, pude descansar, aunque no fue el séptimo día sino el quinto.

En resumidas cuentas lo mejor de la residencia, todo. Lo segundo mejor de la residencia, las personas con las que he compartido durante la semana frustraciones y paciencia, el gusto por aprender y las ganas de hacer continuas, en un lugar donde siempre te sientes a salvo y contenida, sobre todo en lo que las ideas respectan. La generosidad de Paula, que te acompañará en todos los cursos que imparte, y su biblioteca ¡ Ay, la biblioteca ! que decir.

Lo mejor que vendrá: La próxima residencia, ahora mensual en el mes de noviembre, donde espero poder anclar las ideas que estoy queriendo realizar hace meses, ahora por supuesto atravesadas por lo vivido, uniendo los textos con la materia.

Aún me sigo repitiendo: – Inés, que afortunada! en noviembre volverás!.